Interno 16

Lunes, 22 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (10° parte)

El arie era muy frio, un viento helado bajaba de las montañas y vagabundaba por la ciudad iluminada por las luces de las farolas y de las ventanas. Se puso a andar hacìa Piazza Erbe, querìa ver la obra de Mario con el mismo temor de un chaval en plena edad del pavo que ha encontrado un cassette porno de su padre pero al final no conseguiò encontrar el coraje para hacerlo y entonces decidiò meterse por una calle pequeña y estrecha y entrar en su libreria preferida.  Se perdiò en mirar a los libros bien impresos, graficamente fascinantes y que huelìan a papel y a tinta. Un dìa, muy pronto, la gente habrìa hundido la nariz entre las paginas de su novela respirando su perfume antes de saborear la historia.
Una voz redonda a su espalda le despertò: "Buonasera, Enzo, por fin nos conocemos".
Era un voz profunda, bronca como la de un actor de teatro aficionado al tabaco, con un pesado acento de Verona. Era la voz que habìa imaginado durante muchas noches pasadas a escribir que nunca hubiera imaginado poder escuchar. Se diò la vuelta y el corazòn se le cayò en el alma, hundindose en la oscuridad del temor y del miedo. Bamboleò y se apoyo a la estanterìa, haciendo caer a tierra algunos volumenes. Mario, el pintor loco y alucinado, el fruto de su fantasia de escritor fracasado, estaba delante de el, en su abrigo azul con su sombrero blanco pegado hasta los ojos, delgado y tibio.
"No deberìas tratar asì la cultura, Enzo" dijo este bajandose para coger uno de los libros que habìan caido como piezas de vidrio de un vaso rumpido "No me imaginaba que te habrìa surprendido de esta manera" añadiò, riendose.
Enzo conseguiò solo a tartamudear algo incomprensible y adherirse a la estanteria de plastico y hierro inoxidable. Su locura, hasta entonces tan lejana y remota, se habìa revelado con toda su carga infernal y maniacal.
" No se pueden ver a los fantasmas, las sombras de propia mente solo deben permanecer allì" supo decir " Soy de verdad loco, estoy mezclando la realidad con la fantasia" repitiò entre si mismo sin arrancar la mirada desde los ojos azules y infinidos del hombre que le estaba delante.
"Enzo, vamos, tampoco me saludas?" dijo otro brindando una sonrisa perfecta y blanca como las de la publicidad de los dentrificos. La sonrisa del demonio.
"Tu..tu..tu no existes..yo..yo.yo estoy soñando..." contestò el.
El pintor se puso las manos sobre el pecho con un gesto exagerado y gritò :" A mi me parece de ser verdadero, estoy aqui, ahora, delante de ti"
"Loco, me estoy volviendo loco" dijo Enzo cubriendose la cara con las dos manos, el gesto que desde cuando era crio utilizaba como si quisese olvidar las dificiles situaciònes que vivìa y por esto no se diò cuenta de que Mario se habìa rapidamente acercado hasta que se sintiò como levantar, lo estaba empujando con violencia, cogiendole por el cuello del abrigo. Emitiò un ruido como de animal herido pero ninguno de los clientes de la libreria pareciò darse cuenta de lo que estaba pasando a pocos metros de ellos. La presa de Mario era fuerte, dura y absolutamente real, estaba hecha por huesos, muslos y carne, vigorosa a pesar de la delgadez excesiva del personaje. Todo era absolutamente real y verdadero, no podìa ser un sueño, la presa, los ojos de Mario, su respiro caliente y iregular no podìan ser simplemente hijos bastardos paridos por su mente.
"Tu te crees de ser loco?" le gritò sin dejarle el cuello "Y dime, que es la locura?"
Enzò dijo algo que no se podìa comprender, confundido y perdido entre el corte de su respiro, bloqueado por el miedo, el desconcierto y el ansiedad. Sudaba y mil escalofrios le recorrian la espalda.
"Vamos, psicologo" gritò otra vez Mario "Que es la locura?"
"Yo,..yo..no sé lo que es..." contestò Enzo, desesperado, mirando a su alrededor buscando la ayuda de los clientes distraidos y aburridos.
"Te lo digo yo lo que es la locura" dijo el artista con un toque de tristeza en la voz, como el sabor de una gota de licor amargo sobre el zumo de un fruto dulce y azucarado.     

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Viernes, 19 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (9° parte)

La mañana siguente se levantò y ya que no tenìa que ir al trabajo se preparò un doble cafè para despertarse, se sintiò en el sofà  y encendiò la televisòn sobre un canal de la ciudad. El periodista, elegante en su traje de moda italiano, describìa las imagenes que pasaban con rapidez en la pantalla, como fotogramas de una pesadilla:


"Esta noche la ciudad ha sido afectada por un acto de vandalsimo. Despues del ensuciamento de la "Madonna Verona". Piazza Erbe ha sufrido otro ataque. La fachada del palacio de "Casa dei Mazzanti" ha sido pintada con largas pinceladas de pintura azul que han arruinado los afrescos de hace quinientos años. La policìa piensa que pueda tratarse de un grupo de chicos o de desesperados aunque parezca ser un acto planeado y hecho con capacidades. La telecameras puesta en la plaza no ha grabado nada util para los investigadores. El hecho es que ahora la ciudad vive bajo la amenaza de estos vandalos que parecen ensuciar su corazòn historico y monumental."


Las imagenes de la fachada del palacio de Piazza Erbe pintada con cintas de pintura azul como las arañazas dejadas en la espalda por la mano de un amante fogoso pasaban màs veces por la pantalla, repitendose. Enzo hizo caer la taza sobre la alfombra manchandola de café, "No es posible, de nuevo, otra vez" gritò. Se cogiò la cabeza entre las manos y empezò a sacudirla como si quiesiese despertarse de una pesadilla pesada y feroz. Luego se fijò en la pantalla tibia y temblerosa del aparato hasta que las imagenes desaparecieron y el elegante periodista empezò a hablar de politica nacional. Era verdadamente imposible, no podìa ser una simple coincidencia. Otra obra de su Mario que se transformaba en realidad, algo que se podia tocar y mirar sin cerrar los ojos y imaginar, resbalada desde su novela hacìa la vida verdadera, acabando para ensuciar de verdad la ciudad. En su novela, Mario, obsesionado por su deseo de enseñar su talento decide de hacer un "salto de calidad" y apuesta consigo mismo logrando pintar la fachada del edificio màs prestigioso de Piazza Erbe, el corazòn de la ciudad.
"No estoy loco, es simplemente una rarisima y tontisima coincidencia, un caso, puede suceder, no me estoy volviendo loco, quizàs sea mejor que me diera un buen paseo para aclararme las ideas". Luchaba contra la voluntad de su cerebro de convencerse que Mario existia como hace un leon cuando, herido y sin aliento, intenta desesperadamente combatir contra los cazadores que ya, llenos de seguridad y orgullo feroz, le rodean.
Antes de salir, tras haberse puesto un pesado jersey gris y un abrigo negro elegante, se dirigiò mecanicamente al ordenador, lo encendiò y se puso a leer otra vez las paginas de su obra maestra. La frases les parecieron de repente largas y infinidas, los parrafos aburridos y sin sustancia, los capitulos habìan perdido toda la atracciòn que hasta entonces lo habìan fascinado. Estaba rechazando todo su esfuerzo, no lograba apreciarlo porqué todo salìa de allì, de aquellas letras. Eran ellas las unicas culpables de todo.

Apagò todo y saliò, necesitaba andar, mezclarse entre la gente, olvidar un rato todo lo que estaba vivendo.

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Jueves, 18 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (8° parte)

Pero no era posible, no existen los personajes de los libros, solo son proyecciones de papel y palabras creadas por la imaginaciòn de un novelista. No pueden andar, pensar, no pueden hacer cosas si el escritor no lo piensa y no lo deja impreso sobre paginas. Pero aquella desfiguraciòn era identica a la descricpciòn de la primera "obra" de Mario que para provocar una reacciòn entre los veroneses pinta la estatua de la Virgen "Verona" de Piazza Erbe con los colores de la camiseta del equipo de futbol de la ciudad.

Pero no podìa ser, Mario no existìa, no tenìa muslos y huesos sino solo palabras y letras. Se puso a pasear por el estudio y se le entrò una idea. Probablemente alguien habìa conseguido entrar en su ordenador y copiarle los files que llevaba adentro, incluido el de "El hombre con el paragua", la novela que hablaba de Mario y de su historia. Seguro, claro como el agua, habìa ocurrido esto. Sacò el movil y hizo el 113, el numero de los Carabinieri pero en cuanto una voz con un pesado aciento napoletano le contestò cerrò la llamada.Pensò, " Y que se le voy a decir? Perdonen creo que alguien que no sabe que soy un novelista pero que se parece a un personaje de mi libro, que de todas formas nunca ha sido publicado y de que nadie nunca ha leido nada, haya conseguito robarme el file desde mi ordenador sin coneccion al web y ahora està actuandolo todo..". A lo mejor le habrìan tomado el pelo o habrìan podido detenerle para haber intentado confundir las indagenes policiales.

No, no tenìa consistencìa, no podìa arruinar su reputaciòn disparando una tonterìa tan grande, Se convenciò de que al final habrìa sido mejor esperar y seguir el desarollo de la situaciòn. Las coincidencias existen en la vida, se dijo. Se lo repitò tantas veces que acabò con la idea de que todo era una enorme equivocaciòn, un juego extraño de aquellos que a veces le gusta jugar a la vida .

Decidiò que el cansancio y el estres lo estaban matando asì que se presentò en la oficina de su jefe para pedirle una semana de vacaciones y este, viendole tan arruinado y sabiendo que llevaba dos años sin perder un dìa de trabajo, le dijo que sì.

Acabò el dìa entre papeles y notas hasta acompañar la llegada de la noche sobre una Verona soñolienta  y volviò en casa. Sin darse ni una ducha se tumbò en la cama y precipitò en un sueño electrico y nervioso, un sueño teñido por un hilo de pesadillas y de miedos sin fin.

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Martes, 16 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (7°parte)

No encontrò en ningun rincòn de su alma el coraje para cruzar aquella carrettera tan ancha y tan estricta para averiguar de verdad si existiese alguien màs allà de lo que seguìa etiquetando como una proyecciòn de su cerebro cansado. Hubiese querido preguntar a la señora a su lado si tambìen ella lo estuviese viendo pero luego se convenciò de que no es normal preguntar a alguien: "Perdone señora, aquel tio con el abrigo azul, si el, por supuesto, si, si, es el. Entonces lo vee tambìen Usted".Preferiò permacer en el silencio màs profundo intentando no hacer caso al latido frenetico de su corazòn hasta encontrarse mojado de sudor en una frìa mañana de otoño. Finalmente llegò el autobus que le quitò de la mirada a la extraña visòn pero no quiso subir, preferiò quedar a tierra y esperar. En cuanto se hubiese encontrado solo habrìa cruzado la carretera y habrìa hablado con lo que estaba sentado sobre el banco, fuese lo que fuese. "No estas loco, no estas loco" seguìa repitdose. Cuando el autobus se fue, el banco estaba vacio.Todo habìa sido un sueño veloz o una pesadilla tonta y caprichosa.

Cogiò el autobus successivo y llegò al hospital convencido de que tambìen aquella vez solo fuese una alucinacion debida al cansancio. "Necesito descansar. Desde hace cuando no me cogo unos dìas de vacaciones?" se preguntò mientras pasaba su badge en la entrada.
La mañana pasò lenta y inecesaria entre cafès amargos y el estudio del caso de dos chicos que habìan quedado mudos tras haber perdido los padres en un accidente cuando le llemaron por telefono. Era Mara.
"Ciao, Mara, que tal estàs en Bolonia? preguntò contestando a la llamada y intentando disfrazar la improvisa felicidad que sentia.
"Ciao, aqui todo bìen, pero como, no te has enterado? no has visto al telediario hoy?" hizo la voz de acero al otro lado del movil.
"No..no..por què?"
"Un loco ha pintado la estatua de la Madonna Verona, en Piazza Erbe, de amarillo y verde"
"Què..como...què?" tartamudeò el, con la felicidad que se habìa alejado y con el panico què habìa vuelto màs fuerte y màs feroz.
"Como, no me oyes? Han pintado la estatua de la virgen de amarillo y verde"
"Coño maldito" dijo el "Ahora..ahora..si..ahora tengo que ir..Ciao.. hasta luego"
"Oh, pero que te pasa? No te encuentras bien?" hizo ella con un toque de preocupacion en la voz antes de que Enzo interumpiese la llamada con un gesto de la mano temblerosa.
Se dejò caer sobre el sillòn de piel negra que sabìa a plastico y modernidad y se puso la cara entre las manos. Entonces era verdadero, Mario existìa.

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Lunes, 15 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (6°parte)

La mañana siguente se levantò de buen humor pensando en que solo hubiese sido una broma de su cerebro que no aguantaba todo el esfuerzo creativo al que le habìa costringido y mientras se afeitaba se convenciò de que su imaginaciòn habìa sido demasiado salvaje y que no era nada preocupante, no se puede volverse loco de un minuto a otro. Habìa debido descansar, tomarse unas vacaciones, escapar a Bolonia un dìa para estar con Mara.
" No estas loco" se dijo masajandose la cara con el after-shave, "Solo estas demasiado cansado y los locos estàn locos y no estàn cansados". Se vistiò, se puso la gabardina y bajò.
Todavìa era temprano, el arie de la mañana era fresca y afilada y el Adige reflejaba cansino las variadas tonalidades de gris del cielo de Verona. Se puso a andar hacìa la parada del autobus que lo habrìa llevado al hospital, se parò cerca del sitio y ya que todos los asientos ya estaban ocupados por trabajadores y estudiantes se apoyò al palo de una farola muy cercana. Se puso a esperar con las mismas ganas que tiene el condenado que espera que llegue la hora de la ejecuciòn. Le parecìa ver alguien conocido sentado en el banco de la acera de enfrente pero no conseguìa adivinar quien fuese. Que extraña es la sensaciòn de ver las cosas con los ojos pero sin que el cerebro identifique esas imagines que luego quedan allì, en el vacio, sin comprender, como las fotografìas que salen mal porquè no habìa flash o porquè el fotografo no supo estar inmoble. Se esforzò, enfocò màs y reconociò al abriguito azul, el sombrero blanco de hace años y los zapatos de aquel color horrible. Mario, el artista, estaba allì, delante de el, sentado con las piernas estiradas leyendo un libro. No parecìa haberse dado cuenta de que èl estaba allì a un soplo de distancial y que si hubiese cruzado la carretera habrìa podido sentir su aliento calmo en la cara. Pero tenìan aliento las imagenes que el cerebro proyecta en la realidad? Puede tener consistencìa un sueño?
El suyo, por cierto, empezò a cortarse y el corazòn lativa enloquecido, como un caballo salvaje en una larga pradera verde. Se encontrò bloqueado como si le hubiesen pegado a aquella farola y no consiguese moverse, la surprisa y el miedo le habìan rellenado las venas hasta que un fuerte mareo le entrò de repente, como una bofetada.

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Sábado, 13 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (5° parte)

La historìa por sì misma era muy original y seguramente habrìa gustado a muchas editoriales que no habrìan tardado mucho en contratarle y ponerle en el lugar que se merecìa, los primeros puestos de las clasificas de venta.
Un extravagante artista, despues de muchos rechazos por galerìas de arte que se negaban en exponer sus obras, decide que la unica soluciòn es hacer por sì mismo y elige la misma ciudad de Verona como galeria de arte para sus obras. Pinta sopra faciadas de palacios y de calles hasta llegar a ensuciar los momumentos màs representativos de la ciudad, como si quiesese mancharle el alma y oscurar la belleza historica y dejar que brillase solo por la luz de su arte, cada vez buscando màs clamor y originalidad. Atrapado en esta espiral de locar artistica no consigue pararse y....
Esta era la notaciòn doliente, màs dolorosa que mil agujas ensartadas bajo las uñas. Durante todo aquel tiempo no habìa conseguido encontrar ni una idea para seguir con su libro y acabarlo de una vez. Tenìa que ser un final onirico, inimaginable y visionario, algo que habrìa debido asombrar al lector, dejarle sin aliento pero todavìa no habìa conseguido encontrar nada, solo habìa un vacio de ideas esteriles y sin originalidad. No valian nada los tentativos de vivir como habrìa hecho su personaje para poder encontrar nuevas inspiraciònes en un peligroso juego de espejos entre realidad y ficciòn. Habìa acabado para protagonizar un montòn de iniciativas para adecuar su vida al estilo de aquella fiticia de Mario pero esto tampoco habìa servido en algo, es màs, miserablemente habìa conseguido solo ser el alter-ego de alguien que no existìa.
La novela, asì, cortada y interrumpida como la rama de un arbol enfermo parecìa echarle en la cara cada vez su incapacidad, tenìa una idea tan genial y no sabìa como acabarla. Un paradojo increible. A veces, pensaba, el arte puede ser tan malvado y golpear como un boxeador sin guantes.
Se limpiò otra vez la cara con agua frìa que salìa feroz desde el grifo, se puso el pijama y, a pesar de que fuese todavìa muy temprano, se tumbò y intentò olvidar la imagen de Mario, algo que creìa pintado solo por su cabeza rendida al cansancio y a la falta de sueño, la silhouette de aquel extraño titere que andaba sobre la misma acera en la que se encontraba solo hace pocos minutos.

 

SIGUE...

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Viernes, 12 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (4° parte)

" Mario era, como todos los artistas, un poco eccentrico y fuera del comùn. Su fisico era como lo de un jugador de baloncesto, pero no tenìa ni siquiera la sombra de un muslo debido a que nunca habìa practicado algun deporte. tenìa el pelo largo y rizado, una cara afilada y cortante, una gran nariz aquileña y dos pequeños ojos azules, profundos y penetrantes. Le gustaba llevar un largo abrigo azul ligado en la cintura y un sombrero blanco años treinta, como los de la pelicula del Padrino. La ancha gabardina se levantaba a cada paso que sus pienas esqueletricas, cubiertas por unos vaqueros oscuros que acababan en los tobillos y en dos zapatos de cocodrilo, macinaban freneticas....."

Leiò una y otra vez aquel parrafo hasta hacerse entrar un mareo fuerte y desgraciado pero seguìa estando seguro de que habìa visto la copia de "su" Mario pasarle al lado solo hace pocos minutos. Pero no era posible, no se pueden mezclar las dos cosas y ademàs Verona es grande y tal vez haya alguien que se parece a su descripciòn, pensò. Si, si, si, se dijo, debe ser asì. Luego se fue al baño para limpiarse el rostro.
Mientras se secaba lentamente la cara con la toalla blanca se mirò en el espejo y allì viò esculpidos los signos del cansancio: ojeras malvas, grandes y negras le circundaban los ojos, pequeñas arrugas habìan aparecido a los dos lados de la boca que ya no enseñaba con vanidad el rojo de los labios que se habìa convertido en un rosa tibia y enfermo, las mejillas bien afeitadas parecìas sutiles y blandas y el color general era como amarillo, amplificado por la luz del espejo sobre el lavabo. LLevaba dos años sin encontrar descanso en sus noches de sueños molestos y pesadillas feroces, acompañadas por una esteril insomnia, llevaba dos años perseguendo una idea maquillada de sueño, intentando encontrar la llave de volta de su vida para dejar el odiado trabajo de psicologo para convertirse en un escritor de fama mundial. Dos años, setecientos y màs dìas para poder concluir su libro.

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Jueves, 11 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (3°parte)

Se diò la vuelta y solo viò a un hombre alto y delgado, con un abrigo ligero y azul, un sombrero blanco de estilo antiguo y fuera de moda, con dos piernitas secas y esqueletricas que saliàn del largo abrigo, andar a toda velocidad hacìa quien sabe donde haciendo levantar sus vaqueros estrechos a la altura de los tobillos que dejaban libres dos zapatos elegantes pero de tamaño y color extraño, como si fuesen verdes.
Enzo quedò allì a mirarlo hasta que no lo viò desaparecer doblando a la izquierda y lo imaginò perdido en las laberinticas calles del centro. Pero, de todas formas, pese a aquella visiòn fugaz y de sueño, habìa reconocido a aquella sombra extraña y alucinada. No quedaba duda alguna.
Subiò las escaleras corriendo con afano y temor, insertò la llave con la mano temblante de friò y emociòn, abriò la puerta y la cerrò detràs de sì mismo como si hubiese querido dejar afuera un extraño que le molestaba o le daba miedo. Tenìa el aliento cortado, el corazòn le golpeaba el pecho a ritmo increible. Se quitò la gabardina con un gesto acostumbrado y entrenado y la echò sobre el sillòn de piel negra, corriendo despues hacìa su habitaciòn. Se acercò a su escritorio y encendiò el ordenador. Esperò sin paciencia, golpeando con ruidos gordos y flojos el apoyo de madera pintada de blanco, lucida y limpia, que se cargase la pantalla inicial. Con maneras faciles y expertas abriò algunas carpetas y pinchò sobre un file de texto. La pantalla blanca iluminò la habitaciòn de una luz sintetica y metalica, colorando de un blanco tembloroso las paredes. Con seguirdad (lo habìa hecho un montòn de veces) bajò con el "mouse" hacìa la pagina que iba buscando y se puso a leer en voz alta:

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Miércoles, 10 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (2° parte)

Se levantò el cuello del abrigo para protegerse del viento que se estaba levantando y despues de haber cruzado la plaza cogiò hacìa Corso Mazzini, dejandose la Arena a la derecha. Pasò en el medio de gente ocupada en las compras y despues de haber alcanzado Piazza Erbe se puso en una pequeña calle, encaminandose hacìa el Lungadige Trento para llegar al numero 70, el numero de su piso pequeño pero moderno y acogedor. Ya habìa llegado el fin de Octubre y el atardecer llegaba pronto, solo eran las siete de la tarde que ya largas sombras populaban el suelo de las calles y el cielo se pintaba de fuertes toques de rojo y de tibios y fugaces reflejos de amarillo que se transformaban en largas llamas de azul hasta que el negro de la noche lo ahogase todo y dejase que la ciudad resplendece por las luces artificiales y ligeras de las farolas y de los carteles de calle. A mitad del Lungadige doblò hacìa la derecha y se puso a andar en la acera de derecha, poniendo su atenciòn en esquivar motociclos aparcados mal y sin ningun sentido artistico. Odiaba la ciudad por su ser tan artista y tan superficial, tan mujer de clase y tan puta de horgasmo facil. Por què el arte debìa ser contaminado por el vicio? Por què el vicio debìa violar al arte, quitandole su belleza y dejando solo un triste retrato de manchas sucias y vacia? Por què el arte no podìa vivir solo de su belleza? Por qué nadie, ninguna de las personas que conocìa, podìan entender el arte como lo hacìa el? Habrìan leido, por si a caso, aquellas personas cerradas y con largas falta de sentido y imaginaciòn artistica, su libro-obra maestra?
Perdido como estaba en recorrir el hilo rojo y efimero de sus pensamientos, iba mirando hacìa al suelo y solo al ver una alcantarilla que conocìa muy bìen se diò cuenta de haber llegado. Levantò la cabeza y viò como una sombra pasar por la direcciòn contraria y sobrepasarlo con velocidad y inconstencia, como si solo fuese hecha por sueños y cansancio.

SIGUE...

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Martes, 09 de septiembre de 2008

El ultimo capitulo (1° parte)

Enzo se arreglò el paragua sobre el brazo y entrò en Piazza Brà con paso lento y cansado. Echò un vistazo al perfile de la Arena en el rincon izquierdo y luego levantò los ojos hacìa el cielo pintado de un gris pesado y que sabìa a polvo y ceniza. Habrìa querido de verdad que llovese, que Verona se entristecese, que desapareciesen todos aquellos turistas todavìa paseando por las tiendas, que las calles de piedra se mojasen de agua sucia asì, quizàs, su ciudad habrìa asomejado màs a su alma, gris y triste. Mara, su Mara, habìa salido, habìa dejado la Verona de calles y balcones para seguir su trabajo en Bolonia y ahora el se encontraba solo y perdido, sin haber sabido ni siquiera decirle que estaba enamorado de ella. Pensaba en ella cada momento, imaginaba su pelo largo y castaño, sus senos tan redondos y anchos, el perfil de su trasero. Estaba totalmente revolcado por su imagen, no podìa negarlo, pero estaba convencido de que alguien tan guapo como ella, una hermosa trentañera que solo pensaba en su trabajo de abogada, nunca hubiese podido enamorarse de un psicologo tonto y con deseos de ser escritor. Sabìa que era un partido perdido sin salir del vestuario pero no lograba quitarsela de la cabeza aunque supiese que nunca habrìa alcanzado el coraje para dejar todo y seguirla. No, el no habrìa podido alejarse de su Verona, la pequeña ciudad tumbada en la orilla de un rio durmido y cansado, era su ciudad, habìa nacido allì, conocìa sus rincones de piedra que huelen a antigüedad y historia. Habrìa escrito, habrìa tenido exito y le habrìa dedicado su libro, su obra maestra y quizàs asì habrìa conseguito declarase. Solo sabìa que tenìa que escribir y que esto era su destino aunque, a veces, la vida utiliza diferentes maneras para enseñarte tu camino. En su caso habìa utilizado a Mara, su musa inspiradora. Gracìas a ella tenìa un objectivo, tenìa un osesivo deseo de acabar con esas paginas que seguian quedando blancas come leche sobre una mesa. 

 

SIGUE.....

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Lunes, 08 de septiembre de 2008

Escribiendo

Vuelvo, despues de muchos meses de silencio, a escribir en estas paginas virtuales de pixel y datos.

He leido, en estos meses, muchos libros y uno hablaba de la escritura, escrito por un novelista que creìa que se puede enseñar algo que deberìa ser estremamente personal y vivido. Dice que el escritor nunca sabe como desarollar su historìa cuando se pone delante de una pantalla o de un papel para escribir porquè todo le nace pagina tras pagina.

Yo no sè pero a mi no me ha pasado esto. Vivì una tarde de inspiraciòn horgasmica, estuve andando muchas horas con la cabeza en vertiginosos vuelos de fantasia y sueño hasta que supe y entendì que eso era lo que querìa escribir, lo que querìa dejar en papeles blancos y puros.

Dos semanas no son nada, no son muchas pero en aquellos quince dìas dejè todo en un file cada dìa màs pesado hasta que puse la palabra "fin".

Al leerlo impreso se me entraron ganas de echarlo de la ventana, estaba lleno de errores de sintaxis y gramaticales. Corregir ha sido màs dificil que escribirlo. Pagina tras paginas, armado solo de un lapiz y de poca atenciòn, corregì esas fallas y vì como todo parecìa normal, como si hacerlo fuese algo natural.

Poner esas correcciones en el file ha sido duro y aburrido.

Si un dìa alguien comprarà ese hilo de palabras y parrafos que pintè en largas nochesd de verano espero que no sea demasiado duro en las criticas.

Me he aficionado a la escritura y aqui, sin molestar a nadie, me permito de publicar mis creaciones.

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Jueves, 15 de mayo de 2008

Fratelli d'Italia

Una de las cosas que me rinden orgulloso de ser italiano es el himno nacional "Fratelli d'Italia". Un himno impactante, bonito, epico.

 

 Cerimonia inaugural Torino 2006

 
Final de la copa del Mundo 2006 Italia-Francia 
 
 
Yo, mis amigos y miles de italianos cantando el himno esperando que abrieran las puertas del Oktoberfest (Munich, Alemania) 2007
 
 

Fratelli d'Italia
L'Italia s'è desta,
Dell'elmo di Scipio
S'è cinta la testa.
Dov'è la Vittoria?
Le porga la chioma,
Ché schiava di Roma
Iddio la creò.

Stringiamci a coorte
Siam pronti alla morte,
Siam pronti alla morte
L'Italia chiamò.
Stringiamci a coorte
Siam pronti alla morte,
Siam pronti alla morte
L'Italia chiamò

SI! 

 Hermanos de Italia

Italia despierta,
el yelmo de Escipión
se ciñe a la cabeza.
¿Dónde está la Victoria?
Ofrezca ésta la cabellera,
que esclava de Roma
Dios la creó.

Estrechémonos en cohorte,
preparados para la muerte,
preparados para la muerte;
Italia llamó.
Estrechémonos en cohorte,
preparados para la muerte,
preparados para la muerte;
Italia llamó.

Si! 

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Jueves, 15 de mayo de 2008

Luciano Pavarotti

Luciano Pavarotti (Módena, 12 de octubre de 1935 - íd., 6 de septiembre de 2007). Tenor italiano, uno de los cantantes contemporáneos más famosos, tanto en el mundo de la ópera como en otros múltiples géneros musicales. Muy conocido por sus conciertos televisados y como uno de Los Tres Tenores, junto con Plácido Domingo y José Carreras. Reconocido por su filantropía, reuniendo dinero para refugiados y para la Cruz Roja y siendo premiado en varias ocasiones por ello.

Gracias Maestro 

O sole Mio (Capurro/Capuano)

 

Libiam nei lieti calici (Verdi, La traviata)

 

 

Nessun Dorma (Puccini, Turandot) ultima exibicion publica de Pavarotti ceromonia de Turìn 2006 

 

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Domingo, 11 de mayo de 2008

Ugo Foscolo

Niccolò Ugo Foscolo (el apellido es una palabra esdrújula y, por tanto, debe pronunciarse «Fóscolo»; Zante, isla jónica que entonces pertenecía a la República Veneciana y hoy pertenece a Grecia, 6 de febrero de 1778 - Londres, 1827), poeta y patriota italiano.

Por parte de madre era griego y su padre un médico italiano. Se trasladó a Venecia hacia 1793 y allí representó su pieza teatral Trieste (1797). A causa de una decepción semejante a la que se llevó Ludwig van Beethoven cuando Napoleón se nombró emperador, escribió Ultime lettere di Jacopo Ortis (Últimas cartas de Jacopo Ortis), una novela epistolar inspirada en el Werther de Johann Wolfgang von Goethe y considerada la primera novela italiana moderna. Como patriota italiano, Foscolo se unió a los franceses en 1799 para luchar contra los austriacos que invadieron Italia. en esa época tradujo varios clásicos grecolatinos y a autores ingleses y escribió poesía lírica inspirada en su agitada vida sentimental (fue amante de la esposa de Vincenzo Monti, Teresa Picler, y de Antonietta Fagnani-Arese e Isabella Teotochi-Abruzzi). Regresó a Milán en 1806, donde escribió en verso libre la que es su obra lírica más famosa, Dei sepolcri, De los sepulcros (1820), con lo que se ganó una gran reputación de poeta lírico. Al caer Napoleón y regresar los austriacos a Italia Foscolo tuvo que exiliarse en Londres, donde envuelto en una gran pobreza dio clases y escribió ensayos de crítica literaria hasta su muerte. Su hija, que quedó huérfana, fue atendida por el también emigrado liberal español el canónigo Riego, hermano del célebre héroe de Cabezas de San Juan.

A ZACINTO

Né più mai toccherò le sacre sponde
ove il mio corpo fanciulletto giacque,
Zacinto mia, che te specchi nell'onde
del greco mar da cui vergine nacque

Venere, e fea quelle isole feconde
col suo primo sorriso, onde non tacque
le tue limpide nubi e le tue fronde
l'inclito verso di colui che l'acque

cantò fatali, ed il diverso esiglio
per cui bello di fama e di sventura
baciò la sua petrosa Itaca Ulisse.

Tu non altro che il canto avrai del figlio,
o materna mia terra; a noi prescrisse
il fato illacrimata sepoltura

 

Nunca volverè a tocar las sagradas orillas
adonde mi cuerpo joven permaneciò
Zacinto mia, que te reflejas en las olas
del griego mar del cual virgen naciò

Venus, y hizo aquellas isolas fertiles
con su primera sonrisa, adonde no se callò
tus limpias nubes y tus arboles
el etrno verso de quien que las aguas

cantò fatales, y el diferente esilio
por el cual hermoso de fama y de desventura
beso su pietrosa Itacas Ulises

Tu nada màs que el canto tendràs del hijo
mi materna tierra, a los dos nos escribiò
el destino ilagrimado sepultamiento

 

Por: Omar Gatti | Palabras en versos | Comentarios (0) | Referencias (0)

Domingo, 11 de mayo de 2008

Cecco Angiolieri

Cecco Angiolieri fue un poeta medieval, contemporáneo de Dante, que vivió entre 1260 y 1312. Perteneció a la escuela de Toscana, que reunió a un puñado de poetas populares y jocosos, de los cuales Angiolieri es el más relevante. Su composición "Si yo fuera fuego..." (así como algunos versos en contra de Alighieri) son frecuentemente citados en antologías de lírica popular en la edad media. La crítica actual sostiene que Cecco fue menos rebelde de como lo presentan los Románticos, los cuales reivindicaron con fuerza sus ideales. Está fuera de duda, de cualquier manera, que vivió una vida por lo menos aventurera.

S'I FOSSE FOCO ARDEREI IL MONDO (Der ser yo fuego quemarìa el mundo) 

S'i' fosse foco arderei 'l mondo;
s'i' fosse vento, lo tempesterei;
s'i' fosse acqua, i' l'annegherei;
s'i' fosse Dio, manderei 'l en profondo;


S'i' fosse papa, sarè allor giocondo,
Tutt'i cristiani imbrigherei;
S'i' fosse 'mperator sa' che farei?
A tutti mozzerei lo capo a tondo.


S'i' fosse morte andarei da mio padre;
S'i' fosse vita fuggirei da lui:
Similemente faria da mi' madre,


S'i' fosse Cecco, com'i' sono e fui,
torrei le donne giovani e leggiadre:
e vecchie e laide lasserei altrui.

De ser yo fuego, quemaría el mundo;
si fuese un vendaval, lo arrasaría;
en caso de ser agua, lo ahogaría;
y, si Dios, lo hundiría en lo profundo;

de ser papa, estaría muy jocundo
y en trampas a los fieles metería;
si fuese emperador, ¿sabes qué haría?:
cortaría el pescuezo a todo el mundo.

Si fuese muerte, iría por mi padre;
si fuese vida, de él me escaparía;
y de igual modo haría con mi madre.

Siendo el Cecco que soy y siempre fui,
las mozas más hermosas tomaría
y las viejas y feas para ti.
 
Existe tambìen una version en musica de esta vieja y comica poesia, hecha por el musico Fabrizio de Andrè, uno de los mejores de la historia musical italiana.
 
  

Por: Omar Gatti | Palabras en versos | Comentarios (0) | Referencias (0)

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